Carlos V y la Alhambra

Poco después de contraer matrimonio con Isabel de Portugal, Carlos V se traslada a Granada fijando su residencia en el alcázar de la Alhambra. Tras varios meses habitando el lugar, la pareja queda completamente prendada de la belleza del edificio y resuelve ordenar la construcción de un nuevo palacio que le pueda servir de residencia permanente al joven rey y emperador. La Alhambra de Granada ya se había utilizado anteriormente como residencia temporal de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos, pero fue su nieto quién decidió que tan noble edificio merecía contar con unos aposentos dignos de su rango. Así, en 1927 comienzan las obras del que sería conocido como Palacio de Carlos V.

El encargado de llevar a cabo este importante encargo fue Pedro Machuca, un pintor toledano formado en Italia que supo adaptarse a las exigencias propias de este gran proyecto arquitectónico. Los preceptos de Carlos V fueron claros: el nuevo palacio debía reflejar la grandeza de su persona y hacer honor al entorno en el que se ubicaba. De esta manera, Machuca proyectó un suntuoso edificio en estilo manierista, una vertiente del arte renacentista que en ese momento comenzaba a despuntar en Italia.

 

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El resultado fue un moderno edificio que se situó a la vanguardia constructiva de aquel entonces. Su planta era cuadrada y quedaba ordenada en dos alturas de estilos diferenciados: toscano en la inferior y jónico en la superior. La gran novedad residía en su patio interior circular, una gran estructura que articulaba el edificio y que todavía hoy en día es uno de sus rasgos más significativos. La construcción de este patio, no obstante, fue llevada a cabo por Luis, hijo de Pedro Machuca tras el fallecimiento de este en 1550.

En la actualidad, el Palacio de Carlos V es todavía uno de los edificios más importantes de Granada y de la Alhambra.