Isabel la Católica y Granada

Isabel. Una persona adelantada a su época, de fe inquebrantable, obstinada, leal y entregada a sus deberes de esposa y reina. El paso de una mujer así por Granada dejó una huella imborrable en la ciudad.

¿Por qué Granada?

El padre de Isabel ya tenía como meta reconquistar el territorio andalusí pero no pudo cumplir su cometido, que pasó a heredar su hija Isabel al aceptar la corona de Castilla. Ella amplió el objetivo, queriendo eliminar por completo el poder islámico en toda la península.

La conquista de Granada se convirtió en una auténtica obsesión para ella, compartida con su marido Fernando. Se tradujo en el desplazamiento a las afueras de la ciudad durante el asedio y a su posterior mudanza al interior de las murallas de Granada.

Cuando los reyes nazaríes rindieron la ciudad y la entregaron a los Reyes Católicos, Isabel se embarcó en la titánica misión de modelar la ciudad para cristianizarla por completo. De hecho, estableció en ella el primer Cabildo de España en la antigua Madraza, ubicación concreta de ese primer Ayuntamiento. Se inicia la construcción de la catedral de Granada e incluso una capilla destinada a ser futuro panteón familiar.

Pero la Alhambra ya era otro cantar… Cuando accedieron a su interior por vez primera quedaron absolutamente prendados de su belleza y su delicado estilo nazarí. Isabel no pudo destruir aquella obra de arte y se dedicó a cuidarla y restaurarla, modificando tan solo una parte donde instalan un pequeño monasterio franciscano.

En el Albaicín, el barrio más famoso de Granada, Isabel también dejó su huella. Es el barrio que mejor resistió los intentos de cristianización pero Isabel, fiel a su carácter, consiguió instaurar el convento de Santa Isabel la Real en lo que fue un palacio nazarí.

El hecho de que sus cuerpos reposen en la catedral de Granada dice mucho de lo que se significaron mutuamente.